|
Érase una vez una mujer en Madrid, trabajadora, independiente y atractiva, cuyo espíritu emprendedor la llevó a convertirse en autónoma dedicándose a lo que de verdad le apasionaba: el diseño de interiores.
Durante trece años trabajó a pie de obra, lidiando con ingenieros, capataces, albañiles o fontaneros. Recorrió miles de kilómetros buscando los mejores aislantes, las telas más bellas, lo último en diseño de mobiliario, luminarias, alfombras, materiales y colores. Y en su despacho diseñó planos, supervisó elevaciones, refinó detalles, tasó, asesoró, presupuestó, negoció y peleó hasta convertir los sueños de cada uno de sus clientes en realidad.
Ana vivía feliz sacando adelante ella sola su sueño empresarial.
Un cálido día del verano de 2007, mientras buscaba griferías en la tienda de sus proveedores habituales, el dueño le hizo una confidencia a la que seguirían otras similares del resto del sector:
-Estoy muy preocupado Ana,...
-¿Tu hijo sigue saliendo con esa chica mayor que él?.
- No, no, no es eso.. se trata del negocio.. los pedidos no paran de disminuir….. los políticos no dicen nada pero el comentario general en el sector es que se nos viene encima algo muy, muy, muy gordo....
Y llegó la crisis.
Ana luchó a brazo partido durante cuatro años agónicos por el negocio en el que tanto trabajo había invertido. Poco a poco, percibió con claridad que las perspectivas eran nulas a corto, medio y largo plazo. Pero como A. es una mujer valiente decidió que no era momento de venirse abajo sino de tomar decisiones drásticas. Como, además, A. es una mujer previsora disponía de los ahorros de toda su vida para emprender rumbo a la tierra prometida del siglo XXI: China.
Planificó su viaje al detalle durante un mes sin descanso: acudió a charlas informativas sobre las perspectivas de empleo en el país, rastreó en internet las empresas de interiorismo en Pekín y Shanghai, envió su portfolio, concertó entrevistas, asistió a un curso de chino, compró un billete y aterrizó en China hace tres meses. Apenas hablaba unas palabras en mandarín, no conocía ninguna de las dos ciudades, no tenía amigos.
Esta mañana recibí una llamada de Ana desde su despacho. Desde hace dos meses trabaja en un estudio de interiorismo de Shanghai dirigido por una pareja chino-estadounidense:
- Daría, ¡estoy alucinada!. ¿Sabías que aquí se pueden encontrar copias de Whisky Chivas?
- !Haaala!, después de casi tres años en China nunca lo había oído. ¿Cómo las has encontrado?
- ¿Recuerdas ese proyecto de interiorismo del que te hablé la semana pasada?
Me acordaba perfectamente del proyecto. Se trata de una pareja china que se ha construido una casa de varios millones de dólares americanos en Shanghai.
- Los propietarios -continuó Ana- quieren hacer una fiesta de inauguración y nos han encargado que, cuando terminemos las obras, la arreglemos de manera que parezca que llevan viviendo allí mucho tiempo.
- ¿Qué raro no?
- Sí, pero lo peor es que se empeñaron en que todo el "atrezzo" fuera "fake" (falso). Mis colegas y yo hemos pasado el fin de semana en Cantón comprando falsos Prada y Marc Jacobs para los vestidores, frutas falsas, libros falsos !sin texto!, flores falsas, comida falsa para los frigoríficos y Chivas falso para el bar!!!...
- ¿Y qué tienen dentro las botellas??? -pregunté loca de curiosidad-. ¿Y si los invitados lo beben?
- ¡Prefiero no saberlo!. Lo que me preocupa son las dos "ayis" (ayi=asistenta en chino).
- ¿Qué les pasa?
- ¡Pues que las han asignado una habitación pequeñísima, sin ventanas y sin apenas espacio para dos camas!!!. ¡No me puedo creer que no hayamos conseguido que los dueños cambien de opinión y las alojen en una habitación mejor!!!.
Me dije a mí misma que realmente es una ley universal lo de que cuanto más tenemos más ratas nos volvemos.
- Y ya lo que me faltaba –clamó Ana- es escuchar a mi colega , la chica de Taiwan, que la habitación es " lovely". Le he dicho que en mi país eso no es" lovely" sino ilegal, se llama esclavitud y te llevan a la cárcel por ello.
- ¿Y qué te ha contestado?
- Pues que estas dos "ayis" (asistentas) tienen que estar agradecidas porque en Taiwan las "ayis" ¡duermen en las escaleras!!!!.
-Nooooooo…....
- !Lo que voy a hacer- zanjó Ana muy indignada- es diseñar una habitación que te mueres para alegrarles el tiempo que pasen en ella!.
En ese momento me di cuenta de dos cosas. La primera, que quizás no sea tan exagerada la afirmación de que el arte y la belleza salvarán al mundo. Al menos ambos, gracias a Ana, van a mejorar la calidad de vida de muchas mujeres en Shanghai. La segunda, que Ana y yo íbamos a ser muy buenas amigas.
No me gusta demasiado el whisky pero mi nueva amiga se merece un brindis y no veo mejor ocasión para comenzar una botella de Balvenie que me regalaron hace unos meses.
Próxima entrada: The spirit of Chinese high society al alcance del proletariado.
Os agradezco mucho vuestros comentarios. Si tenéis alguna consulta sobre China podéis enviarla a esta dirección, estaremos encantadas de ayudaros: mujeresenchina@gmail.com
|